
Es natural que una de las primeras ideas que surgen en una editorial para conmemorar su fecha fundacional sea la de editar un libro, que es, al fin y al cabo, el objeto principal de su actividad. Y esto es precisamente lo que hizo hace unos meses la Universidad de Huelva (UHU) con motivo del trigésimo aniversario del nacimiento de su Servicio de Publicaciones, ahora con la denominación y el espíritu renovados de Editorial Universidad de Huelva (EUHU).
La concepción restrictiva de servicio que recogen los estatutos de la mayoría de universidades del Estado español —superada casi completamente la antigua denominación de secretariado— ha ido evolucionando con el tiempo, y permite, gracias a la implicación de los rectorados o vicerrectorados, los comités o consejos editoriales, las direcciones de colección y, sobre todo, unos equipos internos cada vez más profesionalizados, una mayor autonomía de gestión en cuanto al diseño de las líneas editoriales, la optimización de los recursos, la organización del trabajo y el establecimiento de estrategias encaminadas a la proyección y la visibilidad de los libros universitarios.
Aun así, el desconocimiento todavía puede inducir a pensar que un servicio de publicaciones universitario es un tipo de establecimiento de reprografía o, cuando menos, un departamento encargado de atender las necesidades de publicación del profesorado. Cabe recordar que, hasta hace pocas décadas, la mayoría de los servicios de publicaciones universitarios más antiguos también disponían de imprenta propia y eran el departamento que, además de imprimir libros, proveía a la universidad de todo tipo de impresos: tarjetas, sobres de matrícula y otros documentos. Esto ocurría en el siglo pasado y, como ya decía Antoni Furió (2006: 109), «...caldria anar desterrant el nom antipàtic i desafortunat de servei de publicacions, pel que té de vague i imprecís [...] i de burocràtic, de rutinari, de passiu [...] i substituir-lo pel mot més adequat d’editorial, d’editorial universitària»[1]. Y esto es lo que, con motivo del 30.º aniversario de su creación, ha podido materializar la universidad onubense.
Sin embargo, no nos encontramos ante una mera cuestión nominal cuando hablamos de secretariado —la denominación franquista de los años cuarenta del siglo pasado asignada a los departamentos de publicaciones—, de servicio o de editorial, sino ante una auténtica revolución conceptual, cuyo sujeto ha sido el libro universitario. A pesar de que se podría considerar que libros universitarios son aquellos destinados al público académico —alumnado, profesorado y otros lectores con formación superior, independientemente de la editorial que los publique—, en estas líneas, amparándonos también en nuestros antecedentes medievales europeos y en la tradición posterior, nos referiremos a los producidos dentro de la universidad, es decir, a los editados por sus centros, servicios y departamentos editoriales: en definitiva, por las editoriales universitarias. No se trata únicamente de materiales de apoyo a la docencia o de monografías académicas, como podría pensarse, sino también de otro tipo de obras de ensayo, divulgación, pensamiento y, en algunos casos, creación literaria —fruto, sobre todo, de premios literarios universitarios— que es habitual encontrar en los catálogos universitarios.
Los comienzos
El año 1994, con un equipo entusiasta encabezado por Antonio Ramírez de Verger, procedente de la Universidad de Sevilla, abría las puertas la Universidad de Huelva y, casi simultáneamente, en el campus de La Merced, su Servicio de Publicaciones, con Dimas Borrego Paín, hasta entonces técnico editorial en el alma mater sevillana, como director técnico. En aquel momento, con solo «una mesa y una silla», todo estaba por hacer y todo era posible. Huelva fue una de las muchas universidades creadas a finales del siglo pasado, algunas por segregación territorial natural allá donde había actividad previa de colegios universitarios, otras por nuevas demandas demográficas y otras por generosas licencias para la expansión de la enseñanza privada.
La experiencia editorial que aportaba el joven director fue decisiva para conformar un primer catálogo con la creación de colecciones y para organizar la producción universitaria, una tarea nada fácil en un entorno académico tan productivo cuantitativamente, tan variado en cuanto a los temas de estudio y tan exigente por la idiosincrasia de sus autores.
Con el referente de las editoriales universitarias centenarias de Salamanca, Valladolid, Santiago de Compostela, Barcelona, Sevilla o València, que en aquellos momentos compartían un vínculo profesional a través de la incipiente Asociación de Editoriales Universitarias Españolas (AEUE), actual UNE, la joven, pequeña y periférica Huelva supo trazar el camino para lograr un trabajo editorial de calidad. No se trataba solo de hacer libros, sino de hacerlos bien: garantizar la transparencia y el rigor en la selección y en los procesos, y posicionarlos también fuera del ámbito estrictamente académico. Había que dotarse de personal capacitado, estable y comprometido con un proyecto ilusionante, una semilla que, treinta años después, continúa germinando.
Un libro conmemorativo
La obra que ahora reseñamos, también disponible en acceso abierto (https://www.uhu.es/publicaciones/?q=libros&code=1344), aparece con el número 31 en la colección Aldina, nombre que rinde homenaje, sin duda, a la imprenta veneciana de Aldo Manuzio (Venecia, 1474), inventora de la tipografía cursiva. El volumen presenta las características formales de una agenda o dietario, pero se trata, en realidad, de una edición numerada con una tirada limitada a 150 ejemplares. En formato 21 × 15 cm, encuadernado en cartoné forrado de negro y con cinta de registro para marcar la lectura, solo figura, en verde contrastado, el número 30 —sin título ni mención de autoría o coordinación editorial—, con un diseño gráfico del artista local David Robles.
Huelva: Editorial Universidad de Huelva (EUHU), 2024. 128 p. ISBN: 978-84-10326-43-9
Compuesto a bandera con una tipografía fina, amplios márgenes e impreso sobre papel gris de alto gramaje —que reduce la flexibilidad de la página, debo decirlo—, el libro no visibiliza ni en los créditos ni en la portada la persona o personas que, a buen seguro, lo han coordinado. Independientemente de la humildad de quien ha hecho el trabajo y no ha querido o no ha podido figurar, este dato es esencial para el tratamiento bibliográfico adecuado y para el procesamiento de los metadatos de cualquier publicación. No queremos pensar que la flamante Editorial Universidad de Hueva cultiva, precisamente ahora, «la edición sin editores». Aun así, en la página de créditos, además de la información técnica preceptiva, constan las autorías (dieciocho colaboraciones), los nombres de la rectora y la vicerrectora —que también participan con escritos propios— y el del director de la editorial, del cual, aunque protagonista de estos treinta años de historia, no encontramos ningún texto, ausencia explicable por el delicado estado de salud en el que se encontraba, ahora ya superado, durante la producción del libro.
Los nombres de la historia
El índice, que olvida hacer mención de las portadillas interiores, detalla las dieciocho colaboraciones, incluyendo el prólogo de la rectora, que empieza con una frase de María Moliner: «Cualquier libro, en cualquier lugar, para cualquier persona». María Antonia Peña loa la tarea histórica del Servicio de Publicaciones y repasa sus principales consecuciones, poniendo en el centro a las personas que, con ilusión y dedicación, lo han hecho posible.
A continuación, las portadillas inician un juego visual en dos páginas enfrentadas, una negra (página par) y una gris (impar), donde aparece, por un lado, un corte cronológico («1994/2009») y, por otro, un título del periodo («Formación del catálogo editorial y proyección»). En esta sección se incluyen las colaboraciones de Ramírez de Verger, primer rector de la Universidad (1997–2005); de Juan Manuel Campos Carrasco, vicerrector en aquella primera etapa, que evoca la creación del Consejo Editorial y la importancia de las direcciones de colección; y de Luis Gómez Canseco, director de varias colecciones y revistas académicas, como Bibliotheca Montaniana —dedicada a la edición, traducción y estudio de la obra de Arias Montano—, y Biblioteca Biográfica del Renacimiento Español. Los tres autores son testigos privilegiados de la historia que se conmemora.
El bloque siguiente, precedido también de las portadillas tituladas «2009/2013» y «Transfiriendo el conocimiento», recoge las colaboraciones de Francisco José Martínez López, catedrático de Economía Financiera y Contabilidad y rector durante el periodo 2005–2013; de Manuel José de Lara Ródenas, catedrático de Historia Moderna y vicerrector de Extensión Universitaria en aquella misma etapa, y de M.ª Luisa Candau, también catedrática de Historia Moderna y directora de la Arias Montano, colección decana del catálogo editorial.
El exrector Martínez López, que inicia su texto con una cita de Juan Ramón Jiménez —«Y para recordar por qué he nacido vuelvo a ti»—, hace un balance del periodo destacando los hitos conseguidos: el refuerzo del catálogo, el crecimiento, la innovación, la calidad y los premios. Y defiende de manera apasionada la necesidad y la utilidad de las editoriales universitarias, implicadas directísimamente en el desempeño de la tercera misión de la universidad: la comunicación y la transferencia del conocimiento a la sociedad mediante las publicaciones, tanto en formado papel como digital, así como las revistas académicas.
En esta misma línea, el profesor De Lara, que ya en el título de su colaboración en el volumen se refiere al Servicio de Publicaciones como «La obra bien hecha», justifica la adscripción del Servicio de Publicaciones al Vicerrectorado de Extensión Universitaria,[2] argumentando que la actividad editorial, fruto mayoritariamente de la investigación, incluye también la edición de otro tipo de textos necesarios de ensayo, pensamiento, debate y cultura; la transferencia adquiere así un sentido más amplio, encajando plenamente en el antiguo concepto de extensión universitaria. Ya en el siglo XIX, los primeros vicerrectorados de Extensión tenían como misión «abrir las puertas de la universidad, llamar a todos y hacer visible en la sociedad lo que la institución universitaria producía en su interior». En otras palabras, afirma De Lara, «no hay mayor transferencia a la Sociedad o no hay mayor extensión universitaria que la que realiza un Servicio de Publicaciones.» Publicar, recuerda el autor, no es solo transformar originales con cuidado y rigor: hace falta también posicionarlos y adaptarse a los tiempos, mediante transformaciones internas y externas, tanto del sector editorial como del sistema académico. Antes de acabar, cita al escritor mexicano Gabriel Zaid y a su magnífico Los demasiados libros [3] para reflexionar sobre la desmesura de la producción editorial: «La humanidad escribe más de lo que puede leer [...] a medida que aumenta la población universitaria no aumenta el número de los que leen sino de los que quieren ser leídos».
El texto de M.ª Luisa Candau rememora los primeros tiempos de la editorial, cuando se publicaba mucho y sobre temas muy diversos, y el catálogo resultaba disperso, fruto probablemente de la ilusionante avidez inicial. Gracias a un ejercicio sereno de revisión y planificación y a una voluntad de coherencia, se crearon las colecciones, con una dirección, un consejo asesor y un comité editorial. Hay que remarcar que estos órganos de asesoramiento y decisión están formados por figuras relevantes del ámbito académico internacional, cosa que demuestra la voluntad y la autoexigencia de superar la endogamia de tiempos pasados. La colección Arias Montano fue definiendo su línea temática hasta centrarse en las investigaciones históricas, especialmente las dedicadas a la historia de las mujeres, de la familia, de la subjetividad, de los afectos, de la cultura o de la memoria histórica. Rigurosa en sus procesos, obtuvo el Sello de Calidad en Edición Académica (ANECA-FECYT-UNE) en 2020, reconocimiento a su calidad científica y editorial. La editorial de la Universidad de Huelva cuenta actualmente con cuatro colecciones más distinguidas con este sello.
Abriendo caminos
Nos adentramos ahora en el periodo «2013/2017» titulado «Digitalización». El primer texto es del paleontólogo Francisco Ruiz Muñoz, rector durante este periodo. Entre citas de Cicerón, Marco Aurelio, Apio Claudio y alguna mención indirecta a Shakespeare, destaca, en su breve aportación, los premios y sellos de calidad obtenidos por la editorial, y recuerda como la primera publicación electrónica de la UHU fue, precisamente, su tesis doctoral. Carmen Santín, profesora del Departamento de Psicología Clínica y Experimental y vicerrectora del mismo equipo, rememora que su periodo se caracterizó por la modernización y el impulso tecnológico: la creación de la página web, los acuerdos con Google Books, la publicación de los primeros ebooks, el alta en DILVE y la presencia en las redes sociales.
Si hacemos una lectura desde la actualidad y desde fuera del entorno universitario podríamos no valorar la importancia de estos pasos que ahora nos pueden parecer insignificantes pero, sin duda, requirieron de un esfuerzo titánico y de una implicación personal que excedía la de los perfiles funcionariales de muchos miembros de las plantillas de las editoriales universitarias. Juan Antonio Estévez Sola, catedrático de Filología Clásica, codirector de la revista Exemplaria Classica y de la colección Huelva Classica Monographs, muestra el orgullo por la trayectoria de ambas iniciativas y los éxitos conseguidos, como la indexación y los sellos de calidad.
El último bloque cronológico, «2017/hoy», «Editorial de la Universidad de Huelva: presento y futuro», cuenta con las colaboraciones de Joaquina Castillo, profesora de Sociología y actual vicerrectora de Proyección Social y Universitaria; de Javier Bermejo, profesor de Arqueología y director de la colección Onoba Monografías; y de Rosa García Gutiérrez, profesora de Literatura y directora de la bellísima colección Biblioteca de Estudios Juanramonianos.
Castillo ofrece un extenso repaso de los hitos conseguidos por la editorial: la consolidación de un proyecto de calidad reconocido con distinciones académicas, el aumento del impacto de sus publicaciones gracias al tratamiento avanzado de los metadatos, la inclusión del fondo editorial en catálogos, plataformas especializadas, en buscadores bibliográficos y en bibliotecas universitarias, así como la publicación en acceso abierto de las revistas académicas.
Rosa García Gutiérrez describe con gran delicadeza la colección Biblioteca de Estudios Juanramonianos, nacida de la mano de Eloy Domínguez, primer director de la Cátedra Juan Ramón Jiménez, y loa el cuidado gráfico y tipográfico con que se concibió: «El diseño de la colección posee un aura juanramoniana que evoca la sensibilidad y el respeto con los que Juan Ramón se acercó al objeto libro y dignifica el minoritario género del estudio académico que tantas dificultadas tiene, en los últimos tiempos, para encontrar editoriales sensibles y respetuosas con sus características.» Una colección que ha encontrado en la editorial de la Universidad de Huelva «una política editorial que acepta la naturaleza y la singularidad del trabajo académico y se mantiene libre de las esclavitudes, cesiones y adulteraciones a las que se está viendo sometido: la prisa, la fragmentación, el desprecio del dato y de la fuente, el sometimiento de la investigación a leyes de mercado o a los arbitrarios y discutibles medidores de calidad.» Evoca, finalmente, cómo la expresión juanramoniana de «el trabajo gustoso» simboliza también la manera de trabajar del Servicio de Publicaciones de la UHU: con criterio, profesionalidad y coordinación, en «un espacio lleno de vitalidad, proyectos de futuro, disposición para afrontar las dificultadas y verdadero afecto.» Esta descripción, me atrevo a decir, es perfectamente extrapolable a la mayoría de editoriales universitarias de nuestro entorno.
Desde fuera
La última parte, «Desde fuera», da voz a colegas otras editoriales universitarias —Granada, Tarragona, Salamanca y València— y al secretario técnico de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE), asociación que vertebra profesionalmente el sector desde hace casi cuatro décadas y que ha hecho posible el crecimiento colectivo y la proyección urbi et orbi del libro universitario. Todos ellos, técnicos o académicos, aportan la visión de quienes comparten aprendizajes, dificultades, retos, éxitos, experiencia y, sobre todo, una pasión por el trabajo editorial y una fe incondicional en las publicaciones universitarias.
María Isabel Cabrera (UGR), profesora del área de Historia del Arte y presidenta de la UNE, subraya el papel socializador de las editoriales universitarias y su contribución a la generación de ideas y de masa crítica. La calidad como emblema, la proyección, el impacto, los premios, el acceso abierto, etc. son caminos por donde transita la editorial de la UHU.
Joaquín Corbacho (UNE), además de recordar algunas de las iniciativas donde la UHU ha sido pionera, destaca la importancia capital de las personas –en este caso, de Dimas Borrego- , de los equipos técnicos, en el pilotaje de la nave editorial; ellas y ellos son quienes trazan la ruta y quienes se desvían cuando hace falta, quienes se paran o avanzan, quienes se agarran fuerte en las curvas y los responsables, en definitiva, de la llegada a destino. Aunar conocimientos, oficio y buen hacer suele ser una tarea, cuando menos, con un cierto nivel de dificultad en el entorno académico, especialmente cuando la dirección editorial está confiada a profesionales técnicos. Porque también hay una parte significativa de universidades que designan un miembro de su profesorado para la dirección de los servicios de publicaciones, cargos sometidos a los periódicos cambios de gobierno.
Remedios Pérez, responsable técnica de la editorial de la UPV y vicepresidenta de la UNE, resalta el papel de la UHU y el de las editoriales universitarias en la generación y difusión del conocimiento, conjugando tradición e innovación y actuando como alternativa ética ante los modelos de publicación puramente mercantiles.
Jaume Llambrich, director técnico de Publicaciones de la URV de Tarragona, aporta una interesante reflexión sobre las misiones de la universidad y el papel de las editoriales universitarias, especialmente las pequeñas, y alude a la necesidad de proyección y a la vez a la de la vinculación al territorio y a la cultura propia. Profesionalidad, rigor, calidad, compromiso, gestión y buenas prácticas son algunas de las palabras clave que Llambrich asocia al buen trabajo editorial, en este caso de Huelva y, por extensión, del resto de editoriales universitarias conscientes y comprometidas.
Jacobo Sanz (USAL), catedrático de Literatura Española y director de Ediciones Universidad de Salamanca, un sello editorial centenario, habla de la importancia de la coherencia en la construcción del catálogo y destaca el rigor académico que ha caracterizado a la editorial andaluza a lo largo de estas tres décadas.
Reivindicación del oficio
Si las primeras colaboraciones del volumen, a cargo de las autoridades académicas de la UHU, aportan fragmentos de historia vivida en primera persona, las últimas, firmadas por editores y editoras universitarias con gran experiencia profesional, convergen en una voz coral que entona al unísono la misma melodía: la importancia del trabajo editorial y del libro universitario, la transparencia en la gestión, el rigor en la selección y los procesos, la innovación y, sobre todo, el valor estratégico de las editoriales universitarias, a menudo desconocidas, ninguneadas o invisibilizadas, dentro de los entornos académicos,.
Celebremos, pues, con el correspondiente fervor conmemorativo, el aniversario y la transformación editorial de nuestros colegas onubenses, como han hecho todos los participantes del volumen, y aprovechemos la efeméride para continuar reivindicándonos, con oficio y pedagogía, como eslabón imprescindible en la difusión de la ciencia, la preservación del conocimiento, la creación de conciencia crítica, el arraigo al territorio y la extensión cultural.
València, 9 d'Octubre de 2025
Fiesta Nacional del País Valencià
NOTAS
[1] [«...habría que ir desterrando el nombre antipático y desafortunado de servicio de publicaciones, por el que tiene de vago e impreciso [...] y de burocrático, de rutinario, de pasivo [...] y sustituirlo por la palabra más adecuada de editorial, de editorial universitaria»], Furió, Antoni (2006): «L’edició universitària, una gran desconeguda», L’Espill 22, pp. 105-115, en línia: <https://www.uv.es/lespill/pdf/lespill-22.pdf>.
[2] Es habitual que los servicios de publicaciones o editoriales universitarias estén adscritos a vicerrectorados como el de Investigación o Cultura (antes Extensión Universitaria), con denominaciones diversas.
[3] Una obra escrita hace más de medio siglo pero bastante actual en cuanto a las consideraciones generales sobre la sobreproducción de títulos y que conservo en mi biblioteca, la lectura de la cual, hace más de treinta años, me impacto bastante.
Esta reseña es la versión en castellano de la publicada por la autora en el Blog de l’Escola de Llibreria de la Universitat de Barcelona. Puede leerse en catalán aquí: https://fima.ub.edu/edl/treinta-anos-de-impresiones-de-la-universidad-de-huelva/
Unelibros agradece profundamente a Maite Simón que nos haya facilitado su traducción que, sin duda, contribuirá a difundir la singularidad del trabajo de los profesionales de la edición.


