De dónde surge «La Tierra en peligro. El impacto de asteroides y cometas»

21/03/2023Josep M. Trigo Rodríguez

Cansado de las noticias apocalípticas y poco rigurosas sobre asteroides y cometas, Josep M. Trigo Rodríguez emprendió una carrera divulgativa para dar respuesta a las demandas de la sociedad, de manera veraz. Así llegó este libro que edita Edicions UB sobre la relación, pasada y futura, de esos cuerpos celestes con la Tierra.

De dónde surge «La Tierra en peligro. El impacto de asteroides y cometas»
Portada del libro «La Tierra en peligro. El impacto de asteroides y cometas»

Se hace difícil pensar que nuestra existencia pudiese ponerla en jaque súbitamente un asteroide, pero no es ciencia ficción. Esta es la historia de un libro que surge para dar respuesta al creciente interés sobre asteroides y cometas, objetos que suscitan curiosidad entre el público, pero también desconfianza. Un libro que, así mismo, nace en el marco del reconocimiento de las Naciones Unidas al Día del Asteroide, que se celebra cada 30 de junio en memoria del evento de Tunguska y con el objetivo de explicar el interés por traer a la Tierra muestras de asteroides primigenios con misiones espaciales insignia como Hayabusa 2 de JAXA y OSIRIS-REx de la NASA. Y la iniciativa es engalanada por un par de misiones que se antojan históricas: el impacto exitoso de la misión DART (NASA) sobre el asteroide Dimorphos y la próxima misión Hera, que pronto desplegará la Agencia Europea del Espacio (ESA) para estudiar el sistema binario de Didymos, que contiene a Dimorphos como satélite.

A menudo nos encontramos con grandes titulares en prensa anunciando encuentros próximos o incluso trayectorias de colisión con asteroides. Aparentemente, tratar temas complejos de esa magnitud sin conocimiento del campo y de manera poco rigurosa es un recurso fácil para medios de escaso impacto mediático y dudosa rigurosidad. Resulta muy arriesgado banalizar el peligro de impacto con asteroides, pues es tan real que la desintegración de un asteroide sobre Siberia el 30 de junio de 1908 podría haber cambiado nuestra percepción del peligro de impacto para siempre. Por una diferencia horaria de unas seis horas podría haber ocurrido sobre San Petersburgo y, devastando 2.200 km2 de territorio, convertirse en una lección aprendida por la humanidad.

Es clave que los científicos involucrados en el avance del conocimiento contribuyamos a divulgar los retos a los que nos enfrentamos. En la actualidad sabemos que algo como Tunguska ocurre cada dos o tres siglos, pero que un evento menor con cierto riesgo (como el que ocurrió en 2013 sobre Cheliábinsk, en Rusia, que causó 1.500 heridos), tiene lugar cada cincuenta años. En el Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC-IEEC) estudiamos precisamente el meteorito de Cheliábinsk para comprender mejor sus propiedades mecánicas y comprobar que estas rocas no son diferentes a sus asteroides, de modo que se convierten en auténticas aliadas para conocer la respuesta de sus asteroides padres ante los impactos.

La Tierra en peligro. El impacto de asteroides y cometas

Por suerte, la colisión con un asteroide de tamaño kilométrico ocurre cada millones de años. Actualmente no hay peligro: en torno al 99,9% de ellos están catalogados y su seguimiento exhaustivo con predicciones, a escala de siglos, indica que ninguno de ese tamaño constituye un riesgo. Sin embargo, hay asteroides de cientos de metros de diámetro que todavía desconocemos en un porcentaje significativo. De ahí que el desarrollo de la misión DART haya significado un punto de inflexión: al aprender a desviar asteroides comenzamos una nueva era, la de la Defensa Planetaria Activa. Y aquí, la mejor defensa es descubrir todos los asteroides próximos a la Tierra y estudiarlos bien. Especialmente los más pequeños sufren efectos no gravitatorios que los hacen balancearse a lo largo de múltiples revoluciones al Sol, cambiando ligeramente sus órbitas. Para descubrirlos y controlar sus movimientos existen programas de seguimiento con telescópicos robotizados. Así mismo, diversos programas realizan una monitorización automática de los objetos catalogados por el Minor Planet Center, que se lleva a cabo desde agencias espaciales como la NASA (Centro para el Estudio de Cuerpos Menores, NEOS) o la ESA (Oficina de Defensa Planetaria y el programa europeo NEO Dys).

Además de investigador, me considero un divulgador ferviente: trabajar trece años en un planetario me marcó y me motivó a seguir divulgando. Quizás por ello disfruto explicando al público lo que hago, y respondiendo a sus preguntas. Tener una faceta divulgadora es una condición necesaria que me permite conectar con otras personas e incitar su curiosidad sobre estos temas. Todas las ramas del conocimiento están ligadas a la percepción que el público tiene de ellas. Por ello, en esa faceta de divulgador, busco vías novedosas de dar respuesta a las preguntas que la sociedad se plantea sobre estos temas, algunos complejos. Leer en prensa a menudo noticias apocalípticas, sin fundamento científico alguno, fue una de las motivaciones —incluso diría que la razón de ser— de La Tierra en peligro. Por ello he pretendido que sea una introducción útil al peligro de impacto desde todas las perspectivas, pues con él descubrimos una visión actualizada de estos cuerpos, auténticos fósiles de los procesos ocurridos a lo largo de la historia del sistema solar.

Todas las ramas del conocimiento están ligadas a la percepción que el público tiene de ellas

La primera gran barrera con la que se encuentra el público en la comprensión de estos temas suele ser la terminología, incluso la jerga, que empleamos los científicos. En el libro se explica en los primeros capítulos, ya que es un aspecto clave para que todo el mundo entienda la razón de esos términos, a veces diferentes de los que se emplean vulgarmente. Por ejemplo: un asteroide es todo cuerpo rocoso, metalorocoso o metálico con un diámetro entre un metro y mil kilómetros; un cometa es un agregado de polvo fino, hielos y materia orgánica, también desde un metro a cientos de kilómetros, y el término meteorito, que a veces es usado para hablar de bolas de fuego, lo reservamos en exclusiva a rocas que han llegado a la superficie terrestre.

En el libro se subraya que la experiencia acumulada sobre estos fenómenos celestes queda sujeta a la interpretación, a menudo errónea, de los fenómenos celestes que hicieron nuestros antepasados. Así pensamos que, como en la historia escrita de la humanidad parece no haber indicaciones de catástrofes de impacto por asteroides, la probabilidad de impacto es menospreciable sobre escalas de millones de años. Sin embargo, nuestra historia está sesgada y la frecuencia de impacto va en función del diámetro del asteroide. El conocimiento científico nos permite descifrar en las rocas temibles catástrofes acaecidas antaño en nuestro planeta que pueden hacernos cambiar nuestra perspectiva y llevarnos a una profunda reflexión sobre las prioridades en nuestro paso fugaz por este planeta. La Tierra en peligro. El impacto de asteroides y cometas es una obra a caballo entre diversas disciplinas que proporciona una visión actualizada sobre los impactos con asteroides y cometas, los programas de seguimiento y las nuevas misiones que cambian para siempre nuestro concepto de estos valiosos astros. En él confluyen astrofísica, geología, geofísica y paleontología para hacernos meditar sobre la necesidad de la exploración espacial y la defensa planetaria en todos los sentidos.

El conocimiento científico nos permite descifrar en las rocas temibles catástrofes acaecidas antaño en nuestro planeta que pueden hacernos cambiar nuestra perspectiva y llevarnos a una profunda reflexión sobre las prioridades en nuestro paso fugaz por este planeta

La Tierra en peligro sigue los pasos de Las raíces cósmicas de la vida (2012) en el que se pone de relieve la importancia que los impactos de asteroides y cometas han tenido en la historia de la Tierra e, incluso, en el surgimiento y la evolución de la vida en este planeta. En general son libros para dar esperanza. Me preocupa que no identifiquemos a tiempo los retos que el conocimiento científico nos obliga a abordar: el calentamiento global y sus consecuencias climáticas es uno de ellos, también las guerras fratricidas, y otro, súbita e inesperadamente, podría ser el impacto con un asteroide. La resolución de esos problemas deberá hacerse empleando nuestras capacidades científico-tecnológicas, como ha ejemplificado la misión DART. Cada nuevo avance en exploración espacial también supone una oportunidad para la supervivencia de nuestra especie.

Josep M. Trigo Rodríguez

Josep M. Trigo Rodríguez

Investigador principal del grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC y IEEC) y profesor en dos másteres internacionales (IFAE-CSIC-UAB y VIU). Ha participado en misiones espaciales como Stardust (NASA), DART (NASA) y Hera (ESA).

1 artículo compartido

Suscríbete a nuestra Newsletter